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Como cada día, un grupo de niños se junta a jugar en su arenero, llenos de ilusión lo vuelven todo risas, a su alrededor la ciudad y su ajetreo desaparecen, y por un instante todo se vuelve amable. Para ellos es otra tarde, pero para nosotros que echamos un vistazo por encima del hombro, es toda una aventura, la oportunidad de lanzarnos de cabeza entre el barro y su juego, a un mundo lleno de magia y de cuentos, de la voz sencilla de unos narradores capaces de animar la arcilla.
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